
No quiero morir para siempre en un eterno diciembre,
Pero, las decisiones imprevisibles traen secuelas irreversibles.
La primera regla de la guerra es no querer perderla,
Pues hay quien asegura que con ahínco se puede llegar a vencerla.
Ahora veo que nada tengo que ver porque no hay donde mirar,
Es fácil adivinar donde se encuentra el final de este caminar.
Dos caminos trenzados que se han comenzado a deshilachar,
Una vez se hayan soltado ya no habrá manera de volverlos a atar.
Tarde llegó la decisión de cortar un nudo en el camino,
Pero aunque llegara, la trenza no pudo superar las trampas del destino.
Ciego e iluso, quemé los hilos del mejor cordaje que había encontrado,
La vida me dio la oportunidad que tanto había esperado, pero no fui capaz de ver que me la había regalado.
Como un idiota al uso, desperdicié las fuerzas de quien se había ilusionado,
Pues se pensaba haber encontrado a quien tanto había esperado.
Pero sería en la siguiente vida en la que se convertiría en ese ser buscado.
Ahora por febrero sólo quedan los retazos, de lo que un día se sello con cientos de abrazos.
Se consumió lo infinito a base de lamentos y se apagó lo conseguido tras demasiado esfuerzo.
Rectificar los errores es de sabios, pero rectificarlos tarde no cura los agravios.
Arrepentido de haber perdido, pero ilusionado por haber encontrado…
Decidido a aceptar mí destino, sin fuerzas para continuar mi camino, me retiro dando las gracias por haber vivido y haber aprendido.







